Alabado sea Allah creador del universo, Único y Todopoderoso. Alabado sea Allah, creador del universo que ha expandido los cielos y la tierra cuando en un principio era un todo homogéneo y estaba unido. Alabado sea Allah, que dio Su orden cuando el cielo era humo, nebulosa. Alabado sea Allah que nos ha creado con el propósito de que le adoremos. Allah ha dividido a la humanidad en pueblos y tribus para que, al multiplicarnos, nos conozcamos y aprendamos unos de otros, para que compartamos conocimientos y experiencias y para que nos respetemos y vivamos en hermandad. Alabado sea Allah que ha prohibido la injusticia, la opresión y la tiranía. Alabado sea Allah, que ha gravado en nuestro interior la fitra, la tendencia innata que ansía el reencuentro con Allah y nos hace reconocer la verdad cuando Allah nos la pone en el camino.
Alabado sea Allah por sus innumerables dones, porque mires donde mires ves Su generosidad y maravillas. Alabado sea quien ha creado lo imaginable y lo inimaginable, quien hace que lo vivo muera y lo que está muerto vuelva a la vida. Alabado sea Allah que nos ha creado de tierra y nos ha formado en el cuerpo de nuestras madres cuando no éramos nada, haciéndonos humanos. Alabado sea Allah quien nos va hacer volver a la vida cuando de nuevo seamos tierra, y de la misma manera que una tierra muerta resucita a través del agua de la lluvia creciendo la vegetación, así será nuestra resurrección
In sha Allah. Alabado sea Allah, que todo lo sabe, nada escapa a Su ciencia. Él ha creado la ciencia y sabe cuando cae una hoja de un árbol, sabe lo que manifiestan y ocultan los corazones (incluso algo del tamaño de un grano de mostaza, de un átomo o incluso algo menor que eso) y conoce el movimiento de hasta la más minúscula partícula material o inmaterial que en estos momentos puede haber en tu corazón, en tu mente, en tu casa, en tu barrio, en tu país o en cualquier lugar de Su creación. El poder de Allah todo lo abarca y él es el Sapientísimo, quien todo lo sabe.
Que la paz y bendiciones de Allah sean con nuestro querido Profeta Muhammad (la paz y bendiciones de Allah sean con él), anunciado en la Torá y en el Evangelio como una misericordia para los mundos, enviado para todos los pueblos, razas y tribus de la tierra sin distinción de ningún tipo. El mensaje que nos ha sido legado de Muhammad no hace distinciones de clase, casta
sexo, nacionalidad, ni existe un pueblo elegido sobre los demás ni tampoco hace a unas personas superiores sobre las otras, sino que toda la humanidad es sumisa al decreto de Allah.
Muhammad ha sido perseguido, torturado, ha sufrido siendo víctima de intentos de asesinato, de la muerte de su queridísima mujer Jadicha, del brutal homicidio de su tío y ha luchado hasta lograr que lo que para el resto de la humanidad es un ideal, hacerlo realidad: la consolidación de la Verdad. Con el permiso de Allah(s.w.t.), el Profeta Muhammad (s.w.s.) destruyó los ídolos de la kaaba y del corazón del ser humano. Tanto las inertes piedras ante las que se vertía sangre humana a modo de sacrificio como los ídolos que dominaban el corazón de nuestros antepasados (la superstición, las “fuerzas invisibles” que se creía que nos manejaban, el miedo, el pecado, el oscurantismo, la ignorancia…es decir, cualquier cosa excepto Allah. Tal es el extravío al que es capaz de hacer llevar el Shaitán a la humanidad) fueron sustituidos por la búsqueda de Allah.
Y así, cuando los falsos dioses cayeron, el pueblo más
bruto, atrasado y primitivo de todo el planeta se convirtió en la civilización más avanzada de la humanidad. Unió pueblos y personas hasta entonces en perpetua guerra, lucharon contra la tiranía desde Arabia hasta la península ibérica, demostraron las más altas cualidades que un pueblo puede poseer, crearon las bases de la ciencia, del estudio histórico, de la democracia y de la convivencia en la diferencia, no de manera teórica ni ideal, sino de manera real, la verdadera manera de hacer las cosas. Repartieron
justicia, crearon códigos humanitarios en caso de guerra,
terminaron con la miseria, crearon una civilización de luz
y esperanza como reflejo para toda la humanidad, y han hecho llegar hasta hoy en día de manera inalterada las dos fuentes necesarias para poder encender de nuevo esa luz, esta vez inshala para siempre: el Corán y la Sunna. Al igual que con la llegada del Islam en el siglo VII, en estos días debemos volver a derrumbar los ídolos que nos rodean (fanatismo, ignorancia, materialismo, cobardía, nacionalismo, pereza…) para que esa luz pueda volver a brillar in sha Allah.
Como muchos de vosotros sabréis, éstos han sido los días del Hayy, los días del año en los cuales las musulmanas y los musulmanes nos dirigimos con el cuerpo y el corazón hacia la tierra donde resurgió el Din (manera de vivir) que Allah le dio a la humanidad, esta vez de una manera definitiva: el Islam.
Os confesaré una cosa: cuando se me ofreció la posibilidad de ir a La Mecca, no me lo creía. Pensé que bueno, quizá se me ofreció, pero las cosas se complicarían y al final podría no ir. El hermano que me informó sobre la posibilidad de ir al Hayy me dijo que hiciera du´a porque la verdad es que entre los estudios, el trabajo, la situación en casa y los problemas personales estaba un poco difícil. El tiempo iba transcurriendo y hacía du´a en mis Salat, pidiéndole a Allah que me permitiera ir. Que los exámenes, mi situación en casa, el trabajo, todo me cuadrara de manera que pudiera ir. Efectivamente todo cuadró a la perfección y creedme, era muy difícil, pero no para Allah. Así salí de mi ciudad a las tres de la mañana, cogí el bus hacia Madrid y tras estar allí un par de días con unos hermanos me dirigí a Valencia. Tras estar también un par de días salimos en bus hacia Barcelona, donde cogeríamos el avión hacia Amman, Jordania. Aquí es cuando comienzas a ver la verdad sobre ir al Hayy: es una lucha sin cuartel porque todo se complica, controles, invalidaciones de billetes, etc… mientras va pasando el tiempo antes de volar vas conociendo a la gente que está contigo para realizar la peregrinación y ves que están en tu situación: no tienen ni idea de lo que les espera. Una vez en el avión, volando hacia Jordania vas conociendo a más gente en el avión, y finalmente al llegar al miqat preparas el haram (tomas la ducha, al gust, y te colocas las dos prendas quedando así en estado de Umra). Entonces realizas dos rakat y automáticamente se puede decir que ya eres un invitado a la casa de Allah. A partir de ese momento, hay que mentalizarse: eres un invitado por Allah, entonces de tu educación y comportamiento en esta casa tienes que sacar lo mejor que haya en tu persona, especialmente tener mucha, mucha, paciencia.
Tras ponernos en estado de ihram y realizar estas dos rakats, tomamos el vuelo hacia Yedda (Arabia Saudí). Durante el vuelo, hablando con la gente de al lado sobre Corán, aleyas que te llaman la atención, etc... el tiempo se pasa más rápido. Después muchísimo duaá en grupo: “Labbayka Allahumma Labbayka…” (Du´a de respuesta a la llamada de Allah). Y nada más llegar a Arabia Saudí, más paciencia: controles, esperar colas kilométricas después de toda una noche de viaje sin dormir… A continuación esperar cuatro horas más por el autobús en el aeropuerto. Allí por lo menos ves la luz del día. El cielo en Arabia es como liberador, está despejado, te da una sensación de libertad extraña. Es como si en la ciudad donde vives las edificaciones y las estructuras arquitectónicas oprimieran, sin embargo ahí el cielo, su color, su inmensidad estuviera por encima de cualquier actividad humana (que por cierto, hay mucha y muy bien elaborada). Después de esa espera, quedándote dormido y despertando una y otra vez, con el sueño alterado y con algo de resfriado y fiebre, cogemos el autobús y nos dirigimos hacia Mecca. Aquí es donde comienza la parte fuerte, donde se manifiestan las sorpresas y los descubrimientos. Llendo en el bus abarrotado de gente durante unas tres horas, con un calor abrasador (soy del norte), resfriado con fiebre, con el sueño alterado, sin comer, etc…. como la mayoría de la gente que venía con nosotros, me encontraba muy mal, estaba frío, pálido, medio enfermo. Paramos en un lugar donde nos dieron unas botellas de agua, se trataba de agua de Zam-Zam. Este agua proviene de un manantial que se formó de manera milagrosa en medio del desierto hace cinco mil años, tiene una calidad en cuanto a pureza en su composición que la hace única en el mundo, ha sido corroborado por estudios científicos que su origen es desconocido y las propiedades de dicha agua inéditas en el planeta. Como dice la tradición profética, Sunna de Muhammad (S.W.S), fue el ángel Yibril quien con el permiso de Allah dio un golpe y comenzó a brotar este manantial. Aquí tenemos un milagro de Allah en Mecca. Pues bien, cuando comencé a leer sobre este tema en un principio era un tanto escéptico a decir verdad, ya que pensaba algo así como: “Bueno, esta agua puede ser muy buena, pero milagrosa…no se, a lo mejor los musulmanes lo tienen idealizado y al beberlo dicen que se mejoran pero es una cuestión más psicológica que otra cosa…” pero como todo en el Hayy, quité esa mentalidad de presuponer cosas y dije: “Que sea lo que Allah quiera”. Me dieron el agua, bebí de ella, y lo primero que noté fue como unas chispitas en todo el cuerpo y a los dos segundos noté como la cabeza no me dolía y me desaparecía la fiebre y el malestar, luego notaba que la palidez ya no la tenía e inmediatamente que tenía buen humor (todo en cuatro, cinco segundos más o menos). Después, lo normal sería sorprenderse, pero realmente no me sorprendí porque estamos en los días del Hayy, las cualidades del Zam-Zam son descritas en la Sunna y como dice Allah en el Corán, en Mecca hay señales claras. Una vez más, las enseñanzas islámicas vuelven a tener razón sobre la lógica racionalista (y acorde con la lógica racional: Allah, al ser el creador del universo, lo puede todo. Hace lo que Le place). Bajamos a los 10 minutos del bus para descasar y un compañero de viaje me dijo: “Kike, te ha cambiado la cara, pareces otro”. En ese momento eran las 19:30 de la tarde aproximadamente, y pasé de estar destrozado a querer llegar a la Kaaba para hacer la Umra.
Estaba nuevo, como si todo el viaje desde que me fui a las tres de la mañana desde mi ciudad no hubiera pasado y me levantara fresco de cama, pero en las afueras de Mecca. Subimos al autobús, andamos una hora más, entonces
cambiamos de bus. A continuación, en este segundo bus, paramos una media hora para hacer otro control y finalmente llegamos a Mecca.
Lo primero que ves al llegar a Mecca es que se trata de una ciudad que para bien o para mal, está en boca de todas las personas del mundo y cuando la ves con tus ojos, entiendes por qué. Lo primero que ves, son a las personas. Humanidad. Hay más personas que casas, que metros en un edificio y que elementos materiales en la calle. Ves a personas caminando de un lado a otro sin parar en un movimiento constante con sus vestidos tradicionales, las chicas con sus pañuelos. Venidas de todas las partes del mundo, la gente no cabe en las aceras y tienen que ir por la carretera, todo abarrotado de gente y sin embargo no ves un accidente. Escuchas recitaciones del Corán a todo volumen y música tradicional, te preguntas: ¿Hay una fiesta dentro de la espiritualidad que ves, o es la espiritualidad verdadera una fiesta? Porque Mecca es como una fiesta, las personas que asisten a una fiesta siempre buscan algo que no encuentran, pero en Mecca todo el mundo encuentra lo que busca.
Tras instalarnos en la pensión, mientras la gente descansaba bajé a la calle y comencé a ver que cada vez había más gente y cada vez más dispar. Entonces es cuando piensas lo siguiente: Mecca es la ciudad por excelencia en la Tierra, es lo opuesto al individualismo y a la soledad y desesperación que las personas sufren y que tan fácilmente se reconoce en los rostros. Mecca es una ciudad muy simplona, está en el desierto pero sin ser desierto, entonces tampoco tiene ese elemento exótico que muchos pueden llegar a imaginarse. No. Mecca es simple, una ciudad sencillísima en todos los aspectos, una ciudad que hasta los más nuevos edificios son de mucha calidad pero sencillos y sin alardes. Todo es muy “rural” pero sin ser rural ya que también hay modernidad pero nada babilónico, es todo muy sencillo. Es una ciudad que no destaca por nada. Incluso la Kaaba es un simple cubo negro de miles de años de antigüedad y tampoco es ningún alarde artístico, sólo marca una dirección. Y es ahí donde precisamente te sorprende más: ¿qué tiene esta ciudad tan sencilla que la hace tan especial, que le da ese ambiente? Y digo “que le da ese ambiente” porque mucha gente debido a la influencia de la religiosidad creada por parte de la iglesia romana tiende a tener pensamientos acerca de Mecca como “ciudad santa” como si hubiera reliquias o la gente estuviera en éxtasis religioso, o fuera un lugar de retiro espiritual donde hay soledad y seriedad. No, para nada, es una ciudad totalmente humana y destaca precisamente por su radical humanidad, la gente de allá para aquí, se come en la calle, se hace Salat, se habla, se ríe, se conoce a gente, todo el mundo habla con todo el mundo… insisto, es muy humana y no prima ni el materialismo aunque haya muchísimos zocos ni la beatería religiosa aunque esté la Kaaba. Lo que existe es una espiritualidad telúrica, equilibrada, sencilla, humana, universal y a fin de cuentas real, demostrable en la convivencia de gente tan dispar que allí se junta. Sé que a alguna gente le puede chocar que diga que existe un ambiente festivo porque pueden objetar que debería ser solemne, al tratarse de estar cerca de lo que los musulmanes reconocemos y aseguramos sin ninguna duda como La Verdad, pero yo digo: es que lo natural es estar alegre, estar como en una fiesta (como es Mecca) porque, si tú estás cerca de una persona que quieres, o estás tan cerca como en su casa no estás serio, estás feliz. Estarías serio si estuvieras lejos y tuvieras que buscarla, pero sabiendo que estás en su casa estás feliz. Por eso Mecca es tan dinámica y alegre, no es un retiro, es una inmensa fiesta porque las personas están cerca de lo que es más querida para ellas: Allah.
El primer día hicimos la Umra. Llegamos a la mezquita de Mecca y entramos hasta la Kaaba. Vimos la Kaaba por primera vez. Hicimos el du´a que le corresponde y entramos a la explanada. Ni que decir tiene que la explanada está abarrotada, que es todo una odisea hacer el tawaf (circunvalación de siete vueltas alrededor de la Kaaba) y que sobretodo es impresionante estar ahí. Voy a dedicar un párrafo largo a la experiencia de circunvalar la Kaaba porque la verdad es que es especial por su simpleza y profundidad.
Al comenzar la circunvalación, lo primero visible es la Kaaba en particular, muy grande (unos veinte metros de alto aproximadamente) y miles de personas alrededor dando vueltas en la misma dirección (que coincide con la dirección de las partículas elementales que circulan alrededor del núcleo del átomo: protones, neutrones) Ves, mujeres, niños, adolescentes, ancianos, gente en silla de ruedas… todo el mundo quiere adorar a Allah, todo el mundo quiere Su complacencia, todo el mundo ama a Allah y cada uno tiene su manera de expresarlo: unos lloran, otros ríen, algunos leen el Corán, grupos de gente hacen du´a, gente individualmente va haciendo dikr, hay quien busca acercarse lo más posible a la Kaaba, en fin, ves acciones de todo tipo y una vez más te das cuenta de la riqueza del Islam, cada persona adora a Allah como lo siente, no es nada uniformado ni rígido, es muy libre, las personas se van liberando a medida que dan vueltas y piden por sus familias, sus padres y madres, sus seres queridos, sus hermanos y hermanas en Allah, la Umma, la humanidad sufriente, alaban a Allah, recitan el Corán, y todo ello haciendo un movimiento universal: el circular, el más sencillo pero el más certero: el comienzo y el final, como la vida, sin angulaciones que marquen curvas de inflexión, la igualdad total en la perfección del movimiento como la rotación de los astros en la infinidad del universo, aprovechando cada vuelta como si fuera la última en la vida, con pasión pero con razón, respetando a los que están alrededor, que son miles. (Siempre hay algún choque, es normal, pero casi siempre se arregla con una sonrisa y un abrazo). A medida que vas dando vueltas, te das cuenta de otra cosa: notas inshala la baraka descendiendo desde el cielo, notas como algo que cae fluyendo alrededor de esa inmensa masa de gente, notas como los du´a suben y las bendiciones bajan, las personas que estuvieron en Mecca saben a lo que me refiero. Y no es ningún éxtasis religioso extraño producto de la devoción ciega, es un proceso tan normal como que un grupo de gente realizando una misma acción sin brusquedad, con respeto y con confianza certera en Allah recibe su recompensa. En ese momento, toda esa gente está dando lo mejor de si, y Allah sin duda les da lo que merecen. Debéis tener en cuenta, vosotros que estáis leyendo, que quien os está contando esto es una persona que no ha nacido con el Islam, que hizo la Sahada justo un año y cuatro días, que era totalmente escéptico antes, que no le importaba lo más mínimo los temas que tuvieran que ver con Dios y que además siempre está a la defensiva en temática espiritual, y os aseguro que al entrar en la Kaaba iba con la mosca detrás de la oreja, decía: “a lo mejor los musulmanes tienen el sitio idealizado y pierden la razón con la pasión, entonces son ellos quienes idealizan el sitio”. Os repito que no tenía ni idea de con lo que me iba a encontrar. Pero, ¿qué es lo que me encontré? Pues sencillamente con un cubo negro sin ninguna forma especial ni valor, que simplemente marca una dirección. ¿Qué se va a idealizar ahí? ¿Y qué más hay ahí idealizable? Pues nada, porque precisamente el objetivo es Allah y nada más. Ahí está la grandeza de Allah, aglutina a millones de personas en un sitio que no tiene ningún valor porque todo el valor, toda la adoración, todo el amor y todas nuestras lágrimas y energías, nuestras gratitudes, vidas, muertes, sueños, oraciones y súplicas le pertenecen a Allah. Así es Allah, creador del universo, de la misma manera que poderosos emperadores y titánicos faraones murieron en el olvido y sin embargo coge a un niño pobre sin padre en un arrabal de Jerusalén y lo convierte en una de las personas más admiradas de la humanidad (Isa, la paz de Allah sea con él), las ciudades más poderosas de la humanidad a lo largo de la historia fueron destruidas, conquistadas y olvidadas, sin embargo en plena época de materialismo y ateísmo es capaz de hacer que la adoración que Le pertenece no decaiga lo más mínimo, es más, aumente de manera radical insisto, en esta época de crecimiento de la descreencia, en la ciudad más sencilla y perdida dentro del templo más simple alrededor de la casa de adoración más antigua y primitiva: la Kaaba.
Por otra parte, mientras estás dando las vueltas piensas en una cosa: todo lo que tú estás haciendo, lo que esa mujer de India hace, ese señor afgano hace, ese niño malayo hace, ese grupo de indonesios hace, es exactamente lo mismo que los profetas hicieron, ahí estuvieron Ibrahim, Isa, Muhammad, etc…. haciendo exactamente lo mismo sin innovar nada. ¿Y que se va a innovar en dar vueltas alrededor de un simple cubo? Allah es sabio…Es decir, sabes con seguridad que estás adorando a Allah como él quiere, sin asociarle nada, sientes que esa baraka cae como caen las hojas en otoño, despacito, con suavidad, es que lo notas. Hermanas y hermanos, cuando estéis ahí también vosotros lo notaréis inshala.
El primer día me perdí del resto del grupo en la sexta vuelta, entonces como no sabía bien con total seguridad como continuar la Umra me fui a la pensión (tras estar dos horas buscando a la gente) bastante fastidiado. Pensé: “Que mal, que mal, me he perdido, empezamos bien…” y me puse muy mal porque no sabía si la había perdido o
qué pasaría. Después me dijeron que la podía continuar sin problemas al día siguiente y así lo hice. Es muy importante no desesperarse ya que todo lo que le ocurre a una persona en la vida es porque Allah quiere, entonces siempre es bueno y si es algo que pensamos que es malo (y que sin saberlo puede en realidad ser bueno) debemos decir Alhamdulilah y aprender de eso. Eso en la vida diaria, pues imaginaos en el Hayy!!!! Al día siguiente, sin ningún problema, hice Safa y Marwa, las dos rakat y finalmente me corté el pelo, acabando así esta primera Umra. Como hice cinco Umra, pude llevar a cabo el tawaf desde los distintos pisos. En primer lugar está la explanada que es lo mejor; está el piso uno, que bordea la Kaaba desde la altura y finalmente está la parte de arriba que es una azotea gigante que también la bordea. Yo pude hacerla desde esas tres partes, pero si os digo la verdad, lo mejor es hacerla en la explanada aunque cueste más. Además de ir a la mezquita de Mecca para hacer Umra, también hacíamos tawaf voluntario y el Salat. El Salat es impresionante. Ves a miles de personas buscando y luchando por un sitio, como vienen los vigilantes de la mezquita y les quieren echar, entonces hacen como que se van y cuando los guardias van a reprender a otro vuelven. La gente busca cualquier rincón, cualquier parte, cualquier mínimo sitio, es un gran esfuerzo encontrar un sitio en la mezquita para hacer Salat, es muy difícil. La verdad es que he visto a gente perder dinero y buscarlo, o algo de valor y buscarlo, pero no con tanto empeño como esta gente que lo que buscan es un sitio cualquiera para, hacer el salat!!!! Adorar a Allah, esa es la recompensa a esa búsqueda donde tienes que esquivar a vigilantes, correr a través de las filas, buscar un hueco en el que no te echen para poder hacer Salat. Es decir, la gente casi se “pelea” no por nada material, sino por poder adorar a Allah.
Otra cosa impresionante es hacer la Salat en el piso de arriba de la mezquita. Escuchar el Azhan, la iqama, bufff…. Es impresionante. Es mejor aún hacerla cerca de la Kaaba, después os cuento eso. Una vez que terminas la Salat desde arriba mucha gente va a ver la circunvalación desde una posición de altura, es decir, ves a la gente dar vueltas abajo y tú los ves desde arriba (más o menos desde ciento cincuenta metros). Pues viendo todo eso te das cuenta de otra cosa: lo que ha provocado un Libro. Ha provocado que una ciudad insignificante sea la ciudad más visitada del mundo y viendo a millones de personas ahí, en vivo y en directo, sin sitio ni para un alfiler, te preguntas (aunque ya sabes la respuesta): ¿Qué clase de libro es capaz de hacer esto? Porque no es un pueblo, ni unas razas, ni son unas nacionalidades de un continente del mundo ni siquiera de bastantes países, es que son todas!!!!! De todas partes, y una cantidad que no cabe nadie más en la ciudad además de la gente que ha sido denegada por Arabia Saudí ya que el número de visitantes tiene un límite, y eso que los no musulmanes no pueden entrar!!!! Ni siquiera hace falta proteger a la ciudad porque como dice Allah en el Corán, está protegida. Y es que esa masa humana la ocupa de manera permanente.
Ahí es donde comprueban en vivo y en directo cómo todas las mentiras que a lo largo de tu vida has escuchado se esfuman al entrar en contacto con la realidad más directa del Islam: Mecca. No es el Al Andalus de hace siglos ni el Irán actual, ni se trata de ninguna cultura concreta con sus peculiaridades: es Mecca, la esencia del Islam, la ciudad que nadie vio y de la que todo el mundo habla, ¿y cómo es Mecca? Pues es PAZ, entre la gente más radicalmente diferente que te puedas imaginar y es CONVIVENCIA entre millones de personas en un espacio muy pequeño.
¿Resultado de todo ello? La gente que está ahí pasa los mejores momentos de su vida. También piensas: ¿Esto es porque el ser humano se hizo perfecto y ya no miente, no engaña, no altera las escrituras o la manipulación de las fuentes pasa en todos las religiones pero es que con el Corán no pueden? Es que con el Corán no pueden, está protegido también al igual que Mecca porque sino, ya lo habrían manipulado y habrían hecho como en otras ciudades “santas”, convertirla en un mercado de “espiritualidad”. Y no han faltado intentos a lo largo de la historia por falsear el Corán, pero todos han fracasado. Y eso lo ves en la Mecca en tres dimensiones, ves como la gente acude en masa a la adoración y la práctica de Allah permanece inalterable. Pero insisto, verlo en tres dimensiones es todavía más impresionante.
Os voy a contar una anécdota: la mezquita, como os indiqué antes y además os imaginaréis, está abarrotada de gente y no hay sitio para nada, está a tope. Al segundo día,
después de dormir, fuimos a realizar la Salat. Bajando las escaleras, vimos que los pasillos estaban abarrotados de gente dispuestos a hacer la azalá y que no se podía andar. Yo pensé: “¿Cómo es que toda esta gente no va a la mezquita si llevan tiempo aquí ya y podían ir en vez de quedarse? De esta manera, con toda la pensión abarrotada de gente no puedes caminar hacia la salida y entonces volví a la habitación para hacerla de una vez y resulta que el pasillo de mi habitación también estaba abarrotado, cogí un hueco en una pequeña esquina del pasillo (donde pude) y allí realicé la Salat. Pensé: “Que raro, ¿por qué estará tan abarrotado el hotel?” Ese día lo pasamos entero en la mezquita todos juntos, haciendo Salat, circunvalando y reunidos en grupo haciendo un círculo con alfombras y haciendo preguntas al sheik, contando experiencias… Entonces lo que pasó ese día en el hotel no lo entendí hasta el día siguiente. Al día siguiente me levanté para el dorg (por que el Fayr o As-subh lo hacíamos en la mezquita después de pasar allí toda la noche circunvalando) y también estaba abarrotada la pensión pero esta vez pude ir hasta la puerta y al intentar alcanzar la calle para ir hasta la mezquita (que estaba a ochenta metros de la pensión) comprobé que la calle estaba abarrotada por completo de gente, no se podía caminar. Todo. La carretera, las aceras (ya no distingues entre una cosa y la otra) estaban más abarrotadas que los pasillos de la pensión. Todo lleno de alfombras y gente. En realidad todo Mecca es un reflejo de su mezquita, a la hora de la Salat no hay sitio. Subí como pude a la habitación de nuevo y desde la ventana del piso séptimo visualicé toda la ciudad y estaba igual, no ves el asfalto del suelo, solo millones de cuerpos, cabezas y alfombras preparadas para la Salat. Millones de cuerpos ocupando la ciudad. La mezquita se abarrota y la gente se prepara en los alrededores. Pero cuando los alrededores se abarrotan la gente coloca sus alfombras por las aceras, luego en la carretera, la gente de las tiendas convierte sus tiendas en mezquitas improvisadas y finalmente no se puede caminar porque ya no hay más sitio. Entonces comienza la Salat, y reina el silencio absoluto. Sólo se escucha la recitación y al Iman, suspiros que dicen: Allahu Akbar y pequeñísimos murmullos de duas, pero el temor a Allah se manifiesta a través de un silencio absoluto. Finalmente, al terminar, la gente se va cada una a un sitio (generalmente a la mezquita, como era nuestro caso) y no pasa ningún incidente a pesar de la cantidad tan enorme de gente que allí se reúne. Entonces dices: Allahu Akbar!
Es impresionante, y la ciudad pasa de la calma absoluta de la Salat a la fiesta de nuevo, el camino hacia la mezquita, los zocos, la gente haciendo Salat voluntario por todos lados, la música tradicional, la recitación del Corán y todo el encanto de Mecca. Después vuelve al Salat y lo ocurre lo mismo, el silencio absoluto, para luego volver a la fiesta. Y este orden se mantiene ininterrumpidamente durante mil cuatrocientos años y continúa, es como la circunvalación: se da la vuelta a la Kaaba, y al pasar de nuevo a la altura de la piedra negra, se completa otra vuelta más y continúan igual millones de personas en una práctica inalterable.
Más arriba os indiqué que os hablaría acerca de realizar la Salat cerca de la Kaaba. Como os imaginaréis es casi imposible, porque la avalancha de gente es tal que ni siquiera dentro de la mezquita en los sitios comunes (atrás, en el medio…) se puede realizar la Salat con tranquilidad, siempre lleno de gente y abarrotado. Pues bien, en más de una ocasión estuvimos cerca de la Kaaba, pero la vez que más sentí la Salat en la Kaaba fue la primera vez que la hicimos cerca de la misma. Allí, al segundo día al lado del cubo, donde están las escaleras tuvimos que hacer las rakat sin poder postrarnos en suyud, sino que la hicimos de pie y al postrarnos nos sentábamos en las escaleras y realizábamos el suyud doblando la espalda, el cuello y dirigiendo la mirada al suelo. Era la Salat del Az-zuhr, y el cielo estaba claro. Al realizarla tuve una sensación de bienestar impresionante. Fue única en mi vida. Pensé entonces, que quizá Mecca es como la ciudad natural del ser humano de la misma manera que el Islam es el Din (modo de vida) correcto para el ser humano. Para que nos entendemos y espero que no suene a frivolidad, es como si Mecca hubiese sido mi barrio, o como si en mi barrio toda la vida hubiera algo de la esencia de Mecca pero que ha sido velado por otras cosas, así en todas partes y sólo en Mecca se mantiene esa sinceridad, esa inocencia de una ciudad que es lo que la hace tan grandiosa siendo tan humilde. Digamos que, si a nuestros barrios le quitas la droga y la sustituyes por la Salat, quitas la amargura y soledad de las gentes y la sustituyes por el recuerdo de Allah (Dikr), muchos velos caerían en nuestras ciudades. Quizá la gente viera el engaño al que son sometidos, se diera cuenta que para ganar lo mejor es compartir y que para animar una fiesta no hay mejor música que la recitación del Corán en la libertad de la calle, llendo alegremente de un lado hacia otro y recordando que no hay divinidades, hay Allah como Suprema Realidad y que las supersticiones, miedos y supercherías de la gente en realidad son intentos perjudiciales por eludir la realidad de la presencia de Allah y que sólo genera daño contra ellos. Inshala las gentes se den cuenta. Hermanos, vuestros du´a por nuestros vecinos y compatriotas no musulmanes que, aunque lo nieguen, necesitan desesperadamente a Allah. Pedid por ellos, porque hubo un día que muchos de nosotros fuimos no musulmanes y nuestras hermanas y hermanos nos guiaron.
Me gustaría hacer un alto en mi explicación y tratar de explicar un asunto del que hablé líneas atrás y pienso que se trata de un factor importante para aclarar. Se trata del hecho de que Mecca y Medina sean ciudades Haram (prohibidas) para los no musulmanes. Si tú, quien estás leyendo esto eres no musulmán, posiblemente te preguntes por qué es una ciudad prohibida para ti, siendo el Islam universalista y abierto a todos los seres humanos. Efectivamente es un asunto que puede dar pie a muchas interpretaciones erróneas, una de ellas que el Islam es exclusivista. Precisamente el Islam es todo lo contrario al exclusivismo, no puede ser más abierto: árabes, indios, españoles, brasileños, chinos, coreanos, turcos, indonesios, palestinos, franceses, suizos, chilenos, afganos, tailandeses, egipcios, argelinos, marroquíes, estadounidenses, etíopes, piensa cualquier país del mundo y en Mecca encontrarás como mínimo un grupo de gente de ese país (hombres, mujeres, niñas, niños, adolescentes, bebés, ancianos…).
Entonces, ¿Cómo es posible que sea una ciudad prohibida para los no musulmanes? ¿No se trata esto de una clara contradicción?
Efectivamente, es algo demasiado evidente como para que de una contradicción se trate. El Islam es la verdad Al Haq y como tal, la verdad no engaña a nadie porque sino sería mentira. Y como el Islam no engaña a nadie y dice las cosas muy claras, de manera rotunda, (¿Quién no se sobrecogió la primera vez que leyó el Corán?) el Islam prohíbe entrar a los no musulmanes en la Mecca porque sino engañaría a los musulmanes. Porque sino sería un “mercado de espiritualidad” en el que cualquiera puede “consumir” sin cumplir ningún requisito. ¿Qué tipo de alumnos y futuros profesionales prepara una universidad que ni siquiera exige una nota de corte mínima? ¿Y si ni siquiera exige nota de corte?¿Ni examen de acceso? ¿Ni tiene señalada una edad mínima para el ingreso?
Hace años a un amigo mío que era un estudiante muy brillante abandonó el colegio en el cual estudiaba, entonces fue a un instituto en el que el requisito mínimo era cubrir los datos y entregar una foto del carnet de identidad. Estuvo dos años en ese centro, suspendió, perdió el hábito de estudiar, adquirió vicios que antes no tenía y dejó los estudios.
Sin embargo Alhamdulilah a mi me ocurrió un poco lo contrario. Era mal estudiante desde muy pequeño y me fui a matricular en el centro más exigente de la ciudad. Para ser admitido tuve que optar para una plaza pendiente y me hicieron una entrevista personal de más de una hora y eso que también se trataba de un centro público. Me admitieron, rectificaron y dijeron que no. Más adelante me volvieron a decir que sí, y me dijeron todas las condiciones. Me pareció mucha parafernalia, ahora bien, en ese centro tan exigente aprendí a estudiar de manera efectiva y a pesar de ser el centro de más alto nivel de mi ciudad aprobé todo y aprobé selectividad a la primera sin ningún tipo de problema. Exigían, pero la claridad de sus enseñanzas, la calidad en sus explicaciones su profesionalidad (lo digo a sabiendas, ya que estudio magisterio) como docentes me sorprenden aún hoy.
Entonces la diferencia a la hora de admitir a la gente es importante. No se trata de clasismo ni nada por el estilo, se trata de cumplir con un mínimo para que no salga perjudicado ni una parte ni la otra. Cualquiera podía entrar en el centro que me matriculé, pero tenía que cumplir con el reglamento. Era rígido, pero era lo que había y te lo daban por adelantado. Si quieres esto, tienes que dar algo a cambio. Si quieres algo de valor tienes que ganártelo, algo por otra parte lógico. En el Islam no pide que seas de una raza especial, ni de un pueblo elegido, ni que tengas un nivel económico determinado, ni siquiera que dejes a nadie que haya sido tu amigo, ni que te alejes de tu familia y padres por Dios, es más, te exige lo contrario, que los quieras más, estés más cerca de ellos y los trates todavía mejor. Tampoco te exige que seas una persona diferente, todo lo contrario, te pide que seas tú al cien por cien, abandonando los hábitos que te impiden mejorarte como persona. El único requisito para entrar en Mecca es decir “La illaha ila Allah wa ashadu anna Muhammad Rasul Allah”. Decir una frase, esto es lo único, el requisito para entrar en Mecca. ¿Y por qué? Pues porque con esta frase comprendes que los “dioses”, las ilusiones, las supersticiones, etc…. no existen y sólo existe Allah, la Verdad Única. Por lo tanto, buscar la “verdad”, la “religión verdadera” es inútil, y sólo te va a llevar a que te engañen, que te vendan una “espiritualidad” acorde con tu ego, con “la verdad” que buscas, sólo tienen que preparar con retórica bellas palabras y que te enganche. El Islam no. El Islam te dice: “mira la naturaleza, el mundo, las estrellas, el universo, una hormiga, un mosquito, mires donde mires todo nace y muere, nada es divino, pero si hace falta algo divino que lleve a cabo todo esto (lo que la gente llama “Dios”). Si vas a un país donde jamás llegó nada del cristianismo y les hablas de Jesús (La paz de Allah sea con él) no van a saber quien es, si vas a un grupo de gente, pongamos una tribu de una parte del mundo que no les haya llegado información acerca del Islam y les hablas del Profeta del Islam, Muhammad, no van a saber quien es, si vas a una comunidad indígena del Perú, por ejemplo, y les hablas de Buda no van a saber quien es, pero si coges a cada uno de ellos y les preguntas quien creó el universo, los cielos y la tierra te van a decir: “Dios” , “la suprema verdad”, etc…(cada uno en su idioma). Hasta los ateos reconocen “que algo hay”. Pues si te das cuenta, eso es lo que te enseña el Islam. Y si vas a Mecca esperando encontrar “la verdad” te vas a decepcionar porque hay no hay nada especial, nada divino. Porque los signos de Allah están en todas partes, en el cielo, en la tierra, en los mecanismos que rigen los órganos de tu cuerpo, los nacimientos, el comportamiento animal…. En todas partes. En Mecca hay los mismos signos, en principio nada en especial. Ahora bien, si vacías tu ego de ilusiones, de fantasías, etc… y sencillamente vas como una persona más a realizar el Hayy, ni más ni menos que nadie, te vas a dar cuenta de muchas cosas. Sigues los pasos de todos los profetas, su guía sin alteración y vas sintiendo muchas cosas, recuerdas partes de tu vida, y te das cuenta que estás aprendiendo cosas que no sabes ni lo que son, pero que estás absorbiendo algo de muchísimo valor. Es como cuando un niño aprende a sumar, sabe que está haciendo unas cosas de matemáticas pero no sabe que en un futuro eso le valdrá para saber medir el tiempo, saber cuanto le pagarán, llevar las cuentas de una familia, etc… Te das cuenta que estás cumpliendo con el Hayy, lo que tienes que hacer por Allah lo estás haciendo con Su permiso, sabes que tus du´a están siendo escuchadas pero sobretodo notas que estás ganando algo de infinito valor y no sabes lo que es… pero siempre con la atención puesta en lo que estás haciendo, sin despistarte ni un segundo por temor al error, aunque sabes que Allah perdona el error involuntario no le quieres fallar.
Junto con el Tawaf se debe realizar Safa y Marwa, que es el segundo paso para realizar la Umra. Partiendo de un punto a otro de la montaña (abarcada dentro de la mezquita) se recorre la distancia que Hagar (La madre de Ismael) recorrió para buscar a su hijo. Es un momento donde, al igual que en el Tawaf, se debe aprovechar para hacer du´a. Se realizan dos du´a, una al llegar a cada punto donde das la vuelta y comienzas de nuevo. Además, en el camino haces du´a también y ciertamente es muy especial. Todas las personas que están ahí también buscan algo: el perdón de Allah, el perdón para sus hermanas hermanos y seres queridos, la guía para la gente perdida, la justicia para todo el mundo, el discernimiento entre lo correcto y lo erróneo y todo lo que una persona puede pedir a su Creador. Hay un momento en el que se debe aligerar el paso y echar una carrera de unos cincuenta metros que representa un momento de la búsqueda muy especial: la madre pudo oír los lloros del niño y apresuró el paso hacia su búsqueda. Particularmente me acordé de todos mis “Ismaíles”, porque todos conocemos y tenemos a nuestros “Ismaíles” que están perdidos, pido a Allah que al final todos los “Ismaíles” (míos, vuestros y de todo el mundo) terminen como el Ismael de Hagar (Paz y bendiciones de Allah para ambos).
Después de realizar Safa y Marwa, se realizan dos Rakats recitando Corán después del Al Fatiha (preferiblemente Itjlas y Kafirun). Es ideal realizarlas cerca de la Kaaba si es posible, pero puedes realizarla donde puedas. A continuación te cortas el pelo y completas así la Unra.
El segundo paso en el orden de nuestra peregrinación es realizar el Hayy, es decir, la peregrinación mayor. Consiste en estar en Arafat (monte donde el Profeta dio el último sermón) haciendo du´a y dikr. Estando ahí te haces consciente de varias cosas. Una de ellas es por qué el desierto es la cuna de la espiritualidad. Y es que al no haber nada de creación humana, sólo arena y cielo, eres totalmente consciente de la creación de Allah. No hay nada, sólo la obra de Allah y el contacto con unas pocas personas (también creación de Allah). De esta manera, el margen de cometer errores se reduce puesto que apenas tienes nada que te seduzca a algo. Entonces tienes una tranquilidad total, tienes todo el tiempo del mundo para dedicarte a Allah, o más bien no tienes tiempo porque el tiempo ahí no existe casi, puedes calcularlo por la luz del sol pero no existe la tensión ni la prisa, sólo el paso del día y la noche. Estás ahí, en tiendas de campaña con otras gentes que nunca viste, y en unos minutos ya conoces como si fueran de toda la vida. Coincidimos con un grupo de musulmanes brasileños, gente encantadora. A uno de ellos lo había conocido en Mecca, se trataba de un palestino que vivía en Brasil y como conozco el idioma portugués pude hablar con él. (Fue con estas personas principalmente con las que compartimos todo el Hayy y la estancia en Medina). Allí en Arafat es un día de tranquilidad, más bien de meditación en la montaña. Si vais alguna vez os aconsejo no quedaros en la tienda de campaña, id hacia el monte y haced du´a y dikr allí porque es mucho mejor. Te encuentras con gente de todas las edades y de todas las nacionalidades haciendo du´a cada uno con su alfombra, desperdigados por las montañas. Las montañas son impresionantes, se nota en el ambiente que hay sobre ellas que allí ocurrieron grandes cosas pero en el momento actual son un espacio para la tranquilidad y para estar junto a Allah. Esta parte del Hayy sí es más meditativa, pero se trata sólo de un día y estás rodeado de gente al igual que en Mecca, por lo tanto no es nada individualista. Te encuentras en un escenario que ya os imaginaréis: desérticas montañas que fueron testigos del paso de los profetas a lo largo de la historia de la humanidad, el cielo abierto ante tu ojos mientras desciende la baraka de Allah en medio de la tranquilidad y silencio del desierto, rodeado de gente de todas las partes del mundo.
La noche se pasa en Muzdalifa. Se trata de una montaña en la que el tiempo transcurre en dikr y du´a. Llegas en un momento en el cual la montaña está casi vacía y al cabo de una hora se abarrota. Si te quedas dormido cuando no hay nadie y te despiertas a la media hora verás que hay miles de personas a tu alrededor. Yo no pude dormir y además pasé una mala noche por cosas que no vienen al caso comentar. Lo cierto es que esa noche toqué techo pero bueno, ya os dije que el Hayy es muy natural y por lo tanto tiene sus momentos buenos (la mayoría) y sus momentos malos. De ahí siempre aprendes algo, y una de las cosas que aprendí es que el Shaitán aprovecha la inactividad
para comerte la cabeza literalmente. Ya lo pensaba antes y había reflexionado sobre ello, pero esta vez lo comprobé prácticamente. De hecho, me tuve que ir a dar una vuelta solo y de tan mal que sentía incluso me sentía bien. Llega un momento que el dolor se hace placer cuando es muy intenso y convives con él. Hasta el tiempo se me pasó rápido, ya que pasaron tres horas cuando creía que sólo había pasado media siendo eso señal de que uno se divierte. Imaginaos. Después, me llamaron para volver en bus y esperamos otras tres horas. Al final llegamos al campamento y dormimos un poco para al poco rato hacer la Salat.
En los tres días siguientes se lleva a cabo el tirar las piedras al Shaitán. Son tres días en los que se siguen con el dikr y los du´a además de esto. Mientras tiras las piedras recuerdas todos los momentos malos de tu vida, tus errores… y sabes que de una manera les “has dado” con las piedras. Esos días es una lucha constante puesto que le estás tirando piedras a tu mayor enemigo, le tienes enfadado y entonces te ataca más duramente. A la mínima va a aprovechar para intentar hacerte enfadar con tus compañeros, ponerte triste, confundirte… pero al final llevas a cabo tu objetivo, se sacrifica el animal y te cortas el pelo completamente. Has realizado Al-Hayy y es Allah (s.w.s.) solamente quien sabe si será aceptado o no.
Al terminar el Hayy nos dirigimos a Al Medina, la ciudad de la Luz, la ciudad del Profeta (s.w.s.). Pero antes estuvimos en la montaña de Uhud, donde se llevaron a cabo las batallas contra los Quarish. Al igual que en Arafat, son montañas muy sencillas, desérticas pero que notas que ahí han pasado cosas. Si una persona no musulmana fuera ahí diría eso, al igual que en Arafat:
“Aquí ha pasado algo importante y algo queda, por eso esta tranquilidad” o algo por el estilo. Os digo esto para intentar aproximaros un poco a lo que es. Insisto, son sensaciones muy naturales, nada “religioso” ni “espiritual” tal y como estas palabras son concebidas en occidente.
Por el camino hacia Medina paramos en varias mezquitas, una de ellas la primera construida por el Profeta Muhammad (s.w.s.) en la Hégira. El camino hacia Medina fue muy duro, ya que fuimos a realizar las circunvalaciones de despedida a Mecca (Tawaf , Safa y Marwa) y como os imaginaréis estaba abarrotado. Al terminar fuimos a comer a las cinco de la tarde y estuvimos esperando desde esa hora hasta las seis de la mañana por el autobús, hicimos el viaje de noche sin dormir, con fiebre, resfriados, enfermos… Nos cogió amaneciendo y pudimos, ahí si, ver el desierto de Arabia que es una maravilla. Son cuatrocientos cincuenta kilómetros de viaje que Sidna Muhammad (s.w.s.) tuvo que hacer escapado contra reloj y siendo perseguido de muerte, con un cambio de temperatura entre el día y la noche que es casi mortal y que realizó para que hoy en día nosotros pudiéramos ser musulmanes. (Que Allah le dé lo mejor para siempre).
Hicimos una parada y finalmente llegamos a Medina. Llegar a Medina es algo parecido a llegar a Mecca porque se trata de un sitio en el que también se nota que han sucedido acontecimientos grandes para toda la humanidad. Nada más llegar a las puertas de la ciudad “ves” como hay algo encima de Medina (algo similar a la baraka que desciende en la Kaaba), como una “nube” de paz y tranquilidad. Una vez dentro de la ciudad, al llegar al hotel vamos rápidamente a la mezquita del Profeta y realizamos la Salat. Entonces nuestros últimos días en Arabia consistirán en estar en la mezquita del Profeta y sentir la tranquilidad de Medina. Aquí te das más cuenta todavía de la diversidad y tolerancia del Islam, ya que ves a más gente todavía y compruebas con más tranquilidad la gran cantidad de familias venidas de todas las partes del mundo. Y digo con más tranquilidad porque aquí no hay circunvalaciones ni cosas que hacer en especial más que la Salat diario y aún así la mezquita está abarrotada. Por otra parte me gustaría señalar y corroborar la impresionante belleza de la mezquita, mires cuando la mires te dan ganas de fotografiarla.
Sin embargo me gustaría señalar un punto que me pareció un poco preocupante. Tanto aquí como en la Kaaba he observado que la gente tiende idolatrar algunos lugares y esto pienso que es un error. Entre otras cosas porque elevar algunos sitios por encima de otros provoca poner a otros por debajo y eso es precisamente lo que pasa. La montaña de Mina, el lugar donde se lanzan las piedras, está lleno de suciedad, de botes, de comida, de bolsas, de basura… hablo de toneladas. Es increíble que haya gente capaz de llorar y casi golpearse con otra gente por tocar la Kaaba y sin embargo la montaña de Mina esté en esas condiciones. La verdad es que me quedé muy mal porque la montaña está en unas condiciones higiénicas muy malas, llenas de suciedad y basura pero en toneladas. Un compañero me comentaba que después vienen los castigos y las desgracias, y nos quejamos. De hecho, fue precisamente aquí donde murieron mil personas en una avalancha. Por favor, los que estéis leyendo esto acordaros de hacer du´a por todos estos hermanos y hermanas en el próximo Salat.
No digo esto con intención de criticar, ya que yo también soy culpable y todos tenemos nuestra parte de culpa, sino para deciros que opino que los musulmanes debemos ser críticos con nosotros mismos y no echar la culpa tanto a los demás de nuestros problemas, sino que si algo va mal es porque nosotros lo hacemos mal.
Pues un poco eso también ocurre en la mezquita del Profeta (s.w.s.). La gente se maravilla con ella, pero deberían tener en cuenta que lo que ven no es propiamente la mezquita sino una ampliación por parte de los saudíes de la verdadera mezquita, que está dentro. La mezquita hecha por el profeta y los compañeros fue construida con palmeras, dátiles y de manera muy humilde, ya sabéis como vivía el Profeta (s.w.s.). Con el paso del tiempo a lo largo de la historia se fueron haciendo reformas hasta llegar a la actual mezquita de Medina. Es una maravilla arquitectónica, pero es eso. Y es cierto que hay una paz enorme tanto ahí como en el resto de la ciudad, pero pienso que la gente debería diferenciar esa bendición en forma de paz que está ahí porque Allah (S.W.T.) así lo quiere desde tiempos de Muhammad (s.w.s.) de las construcciones hechas con permiso de Allah por el ser humano que sólo son eso, construcciones que mañana pueden no estar.
Pues bien, en Medina pasas los días haciendo el Salat y visitando la ciudad. La verdad es que en este punto la gente ya estaba muy enferma y lo único que algunos podían hacer era dormir y la Salat. Sin embargo yo fui Medina arriba y abajo, me metí por todos los barrios que pude, tratando de conocer al máximo esta ciudad. Quizá algunos de vosotros pueden pensar por qué estando allí no aproveché para pasarme todo el día y noche en la mezquita. Ciertamente, todas las oraciones voluntarias y Salat las hice en la mezquita (excepto un día que estuve muy enfermo y Al Farj y Al Zurh los hice en la habitación) o en la explanada de fuera, que es el sitio que se va ocupando cuando la mezquita se llena y no cabe más gente dentro. También estuve tiempo haciendo Dikr y dua además de ir a saludar al Profeta de parte de la gente que conozco y de parte de la gente que me lo pidió expresamente. Pero pienso que obsesionarse excesivamente con un sitio no es correcto, por lo que precisamente os decía antes. Además, la mezquita es un sitio importante pero es que somos miles de personas para compartir un mismo sitio y si todas “ocupamos” la mezquita a la vez sería un desastre y no sería justo. Además tiene que haber tiempo para todo: para estar en la mezquita, para conocer a gente, para hacer el Salat, para buscar libros en castellano….
Y sobretodo, por el ejemplo del Profeta. Muhammad (s.w.s.) no era un cura reaccionario que estaba encerrado en la mezquita como si fuera un claustro, sino que era un
hombre, una persona que salía a la calle y se preocupaba por sus vecinos interesándose por la situación de ellos, además estaba con su familia, amigos y amigas… (igual que el ambiente de Mecca, era muy humano). Entonces yo procuré conocer gente durante todo el Hayy e intentar entender cómo vive la gente en este país, qué costumbres tiene y no centrarme únicamente en asuntos “espirituales”, ya que el Islam desde la Sahada tiene el Salat (desde ti con Allah para Allah) y el Zakat (desde ti con Allah para la gente). Allah te pide que lo tengas siempre presente, pues él es la Suprema Verdad, pero que tampoco te olvides de tu alrededor. ¿Y qué decir del alrededor? Pues la gente feliz y llena Alhamdulilah por el Islam. Pero también asustada. ¿Qué os voy a contar de la política de Arabia Saudí, de su monarquía y de su manera de ver el Islam?
Hay algunas cosas que me resultaron muy duras, como ver empresas norteamericanas de hamburguesas y marcas de bebidas refrescantes pro sionistas anunciadas por todas partes, ver a niñas de tres años sin brazos pidiendo por la calle, a hombres que no me llegaban a la rodilla porque iban sin piernas andando con sus manos durante kilómetros o a chicos de mi edad en silla de ruedas con un brazo saliéndoles del estómago y sin piernas. A filas de niños deformados cantando y pidiendo dinero, pasándoles camiones a escasos centímetros a alta velocidad sin frenar. Todas estas cosas también pasan en Mecca.
Tal y como os decía antes, es como la vida misma, ves cosas buenas y cosas que no deberían pasar, en mi opinión esa gente debía estar protegida y cuidada. Pienso que por lo menos en Mecca están bastante seguros, en otro país a lo peor aprovechan para robarles o agredirles ya que son gente indefensa, allí la gente les ayuda.
Del tema del pro sionismo no os voy a decir nada que no sepáis, mucho menos de los individuos que tienen por monarcas. Sin embargo, os hablaré de las cosas buenas del pueblo árabe, que son muchas más.
Para empezar, allí ves gente de todos los sitios del mundo y el racismo no existe. Ves a muchos negros, por ejemplo, ocupando puestos muy importantes en empresas sin ningún problema aunque es cierto que también hay muchos inmigrantes pakistaníes que trabajan muy duro.
En Arabia nadie duerme en la calle porque todo el mundo puede dormir en las mezquitas, además la gente es muy solidaria. Y menos mal ya que al contrario de lo que muchos pensaréis en Arabia por las noches hace un frío muy grande, tanto que el cambio de temperatura con respecto al día provoca la fragmentación de las rocas y de ahí la formación de los desiertos. (En un espectro temporal amplio, claro está).
Aunque hay bastante pobreza, todo el mundo tiene por lo menos dos comidas al día. (Y en Ramadán se reparte comida gratis durante todo el mes).
Cualquiera puede realizar estudios en las madrasas y todo el mundo puede estudiar Corán, Islam… también gratis.
Existe mucha gente que dona dinero para que otra gente pueda ir a Mecca. Precisamente gracias a eso nosotros pudimos ir. Que Allah que les recompense como se merecen
Finalmente al volver nos regalaron dos ejemplares del Corán (y a mi a mayores uno en español, les debí caer bien). A todo el mundo se lo regalan.
Tras dos días de viaje, llegué a casa a las nueve de la noche. Al entrar en la habitación de nuevo y verme entre estas paredes me dije: ¿Aquí otra vez? Y me di cuenta que allí había algo que no era igual, o la habitación había cambiado o yo había cambiado. No. No era lo mismo que cuando me fui. En cuanto fue pasando el tiempo, me di cuenta de lo siguiente: el Hayy es como una droga, primero la tomas y poco a poco te va haciendo efecto. Entonces comencé a ponerme al día con todo, recuperé en tres días todos los exámenes que no hice mientras estuve fuera, y Alhamdulilah los he aprobado todos. Otra lección importante: todo lo que pides en el du´a se cumple, todo. No penséis que los du´a se quedan ahí, como palabras al aire, no, los du´a llegan y hay que tener mucho cuidado con lo que se pide porque si pides algo y se cumple a lo mejor no es lo que esperabas, y esto no es ninguna tontería.
Quizá alguna gente pueda pensar que con tan sólo un año de Islam cómo es que fui a Mecca. La vida no sabes cuando se puede acabar y si tenéis oportunidad procurad ir como sea. Más bien me dio el empujón que me faltaba para ciertas cosas porque por mi ciudad estoy muy solo la verdad, y esto es el principio. Al-Hayy es el principio, no el final, es el principio de una responsabilidad mayor ante Allah (s.w.t.). Mi vida ha cambiado en muchos aspectos. Principalmente hay muchas cosas que hacer y el Shaitán quiere que no hagas ni una. Si haces una quiere que te olvides de otras y te sientas orgulloso de lo poco que hiciste. Quiere que tengas miedo (no atención) por tu estabilidad y que eso te lleve a olvidarte del Islam, la Salat… y allí eres consciente porque no pierdes por nada un Salat y te das cuenta del poco poder que tiene. Cuando llegas aquí tienes mucha energía y ves que in sha Allah puedes hacer mucho, entonces tienes que mantenerte en esa tensión ya que al poco tiempo te va a intentar hacer regresar a tu anterior estado, como después de hacer la Sahada, en breve puedes volver a caer en errores de antes sino te proteges bien. Aquí es igual pero en mayores dimensiones, ya que has estado en la tierra elegida por Allah (s.w.t.) para el Din y ahora la responsabilidad es mayor. Personalmente estoy repartiendo mejor el tiempo, cambiando de hábitos, estoy pensando acerca de cómo puedo aprovechar mi tiempo vital para realizar proyectos que tengo en la cabeza pero que hasta ahora no pude hacer a causa de mil problemas que fueron surgiendo. En estos momentos los tengo superados Alhamdulilah y pienso llevarlos a cabo todos, poco a poco, con el permiso de Allah.
Vuestro hermano Kike
Que Allah os bendiga.
Salam Aleikum.
Las Fotografías en el Islam
Hace 3 días